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06 octubre 2009

MURIÓ MERCEDES SOSA “LA VOZ DE AMÉRICA”, “LA NEGRA QUERIDA”

Mercedes Sosa, “La Voz de América" falleció en Buenos Aires a los 74 años víctima de una afección hepática que se complicó con otro mal pulmonar y por lo cual fue internada en un hospital hace más de dos semanas (1). Todo el mundo llora su muerte, mucho más en América Latina, a quien consagró su canto. Ella nació en Tucumán (Argentina) y vivió en Buenos Aires. Era una cantante popular, la más grande que ha dado América y anduvo por el mundo llevando su melódico y profundo mensaje de latinidad y hermandad. Fue una madre amorosa, viuda, tuvo un hijo y dos nietas. Confesó haberse reencontrado con Dios tras sufrir una larga enfermedad hace algunos años. Se consideraba progresista. Sufrió la persecución de la tiranía militar que gobernó Argentina en los setentas, tan solo por demandar en su canto justicia y libertad para su pueblo, en medio de la pobreza y el abuso. Posteriormente fue declarada embajadora de UNICEF.


"En el día de la fecha, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, tenemos que informarles que la señora Mercedes Sosa, la más grande artista de la música popular latinoamericana, nos ha dejado", indicó su familia en un comunicado (2), que además agregó: "Transitó diversos países del mundo, compartió escenarios con innumerables y prestigiosos artistas y dejó, además, un enorme legado de grabaciones discográficas".

Desde las páginas de bdfec le tributamos un homenaje póstumo. Como parte de ello, reproducimos una breve semblanza de su vida (3), y en la sección VIDEOS SELECTOS DE MERCEDES SOSA podrás hallar sus canciones más populares.

BREVE SEMBLANZA DE SU VIDA (1935 -2009)


Mercedes Sosa fue sinónimo de música popular. Alternó multitudinarias actuaciones en la Argentina con shows en México, Guatemala, El Salvador, Estados Unidos, Inglaterra, Israel, Alemania, Suiza, Austria y Holanda. Unicef le entregó las credenciales honoríficas de Embajadora de Buena Voluntad de la organización para América Latina y el Caribe.

Cuando escuchamos el nombre de Mercedes Sosa las imágenes que enseguida nos vienen suelen ser de jardines dorados al Sol, del bello Altiplano que como una gran mancha se extiende por todo el continente, de revoluciones imposibles a los ojos de los dictadores; otras, de manos curtidas salpicadas por el barro, de vientres delgados como espigas, de lluvia y sueños y mucha poesía. Las canciones que canta La Negra Sosa desde hace 35 años reflejan a su manera las incertidumbres y esperanzas que han alimentado la historia de esa tierra que parece ya una novela de ciencia ficción: América.

Desde Alaska a la Tierra del Fuego los capítulos de los nuestros se van desarrollando de manera gradual. Esta sea, acaso, una de las tantas razones por las cuales la artista argentina nacida un 9 de Julio de 1935 en San Miguel de Tucumán tenga un reconocimiento que traspasa las fronteras, y que ese inconciente colectivo en sí escuche e imagine y trate de pensar la construcción de una utopía.

Una biografía suele ser un cómodo ataúd que, como tal, encierra y deja de lado circunstancias adversas. Para no caer en la comodidad, sólo algunos rasgos de la vida azarosa de Mercedes Sosa apuntara este breve y olvidable artículo. Como músico popular de folclore la carrera de la artista tuvo su bautismo discográfico a mediados de la década del 60 con Canciones con Fundamento. El trabajo, editado de manera independiente, fue la clave por donde la voz de Sosa dibujaba en la imaginación del oyente los mitos y tradiciones que construían un escenario. Puestas las bases, logró actuar por primera vez en el Festival Cosquín y al tiempo grabar un tema en la obra Romance de la muerte de Juan Lavalle de Ernesto Sábato y Eduardo Falú.

Luego de publicar los seminales Yo no canto por cantar, Hermano y Para cantarle a mi gente, Sosa comprendió que debía expandir su mundo, valga la paradoja, hacia otros más distantes. En ese peregrinaje que la llevó por ciudades de Europa y Oriente conoció a Ariel Ramírez –autor de la mítica Misa Criolla– quien le ofreció que grabara la obra conceptual Mujeres Argentinas.

El inicio de la década del 70 la enfrentó con una serie de álbumes antológicos para su carrera como El grito de la tierra y Navidad con Mercedes Sosa, obras que incluían Canción con todos, Cuando tenga la tierra y La Navidad de Juanito Laguna. A la vez, participó en el filme El Santo de la Espada, de Leopaldo Torre Nilsson, sobre la vida del General José de San Martín, padre de la Patria de los argentinos. Al año regresó al séptimo arte pero esta vez participando en el film Guemes (La tierra en armas) en rol de Juana Azurduy. También son de esa época los discos Cantata Sudamericana, Mercedes Sosa y el inmejorable álbum que homenajeaba al folclorista Atahualpa Yupanqui.

Paralelamente a los años de éxito de la artista, la Argentina vivía momentos desesperantes: la dictadura militar acechaba el país y con ello la violencia era moneda corriente. Parte del material discografico de esa época es de alguna manera la respuesta hacia el caos institucional que, irónicamente, no cambiaría con la llegada de la democracía en 1973. Peor aún: en el patio trasero de la libertad se estaba cocinando algo inédito para la historia argentina. Así, luego del derrocamiento de Isabel Martínez de Perón, la Junta Militar comandada por Jorge Rafael Videla sólo trajo más sangre, terror y muerte.

Después de que irrumpiera la policía durante un concierto de la artista en la ciudad deLla Plata, donde fue detenida junto a los 350 espectadores, Mercedes Sosa decidió exiliarse. París fue el primer destino; luego Madrid. Corrían los años 80.

Sin embargo, la cantante regresó al país en 1982 para una serie de actuaciones en el Teatro Opera. Es importante la conexión que en ese momento hizo con figuras del rock. Hasta ese entonces era visto como algo inédito la unión entre artistas ajenos al folklore. En aquella oportunidad León Gieco, Charly García y Nito Mestre acompañaron a La Negra en una serie de temas clásicos del rock argentino.

Una vez instalada la democracia en la Argentina, Mercedes Sosa gozó del calor del público y la crítica, los que en ningún momento le fueron infieles. Tal vez de todos esos años de joven libertad quede como estandarte el trabajo Mercedes Sosa 86 el cual se nutre de la tradición folclórica que cultivó la artista en los 60 y 80 más el agregado en los 80 del acercamiento hacia el rock y la música del Brasil.

También es una década de actuaciones fuera del país. Así los 80 los cerró con el reconocimiento de la Orden del Comendador de las Artes y las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Francesa. Sensiblemente contemporánea de su tiempo, los años de la presidencia de Carlos Saúl Menem la tuvieron como una voz solidaria y rebelde. No hubo acto o marcha de repudio en la que su voz no diera el presente. Mientras tanto, en el exterior su obra era también reconocida.

Durante una gira fue declarada Visita ilustre de Texas y de Houston; obtuvo la Medalla al Mérito Cultural del Ecuador; la Placa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, en reconocimiento a sus 30 años de difusión del canto latinoamericano; y el Premio de la UNIFEM, organismo de las Naciones Unidas.

Finalmente, el nuevo milenio fue para Mercedes Sosa otro tiempo de éxitos. Como si la artista argentina viviera un perpetuo clima de éxtasis, algo que sólo le pueden dar sus fieles oyentes alrededor del mundo. Son y serán muchos.

¡Hasta siempre Negrita! ¡nunca morirá tu voz!

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